Casas de diseño por Juan Manuel Alegre Ávila

 

DE CASAS DE DISEÑO

Juan Manuel Alegre Ávila Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Cantabria. Exletrado del Tribunal Constitucional

 

Uno.- De seguro que más de uno, incluso de dos, de los lectores de estas líneas ha visto, incluso en más de una ocasión, un programa televisivo sobre construcción de casas, normalmente en plena naturaleza, en que se da detenida cuenta de las soluciones arquitectónicas de estas singulares edificaciones. Casi siempre, casas de diseño, en las que el arquitecto ha plasmado su concepción del oficio que ejerce, de la mano de toda su sapiencia creativa, siempre y cuando, va de suyo, el propietario haya puesto a su disposición el dinero necesario para crear sobre el terreno sus creaciones ideales.

 

Dos.- De ordinario, se trata de construcciones singulares, tanto por su diseño como, sobre todo, por la circunstancia de hallarse aisladas, esto es, desvinculadas de una urbanización. Se trate, pues, de edificios que no hacen ciudad, por ubicarse en el suelo llamado rústico o no urbanizable, y requirentes, por tanto, de uno o más permisos o licencias administrativas singulares, cuya función es valorar la incidencia que este tipo de construcciones tiene en el ambiente, en el territorio en que pretenden enclavarse. El conocido en la jerga urbanística como unifamiliar en suelo rústico se configura, en consecuencia, como excepción a la lógica del crecimiento o renovación edificatorio en sus lugares naturales, los suelos urbanos y, en tanto supongan expansión urbanística stricto sensu, en los suelos urbanizables.

 

Tres.- Visualmente atractivos y sugerentes, estas casas de diseño dibujan un modelo de vida aislado, propiamente, una sucesión de vidas aisladas, al alcance de quien disponga de los recursos suficientes para contratar los servicios de un arquitecto igualmente de diseño. Un modo arquitectónico y vivencial que, por definición, comportaría un territorio potencialmente ilimitado, y que, a la postre, se traduce en dos realidades edificatorias rigurosamente separadas, la una para el común de quienes viven en la ciudad; la otra para quienes desean hacerlo sin contacto inmediato con quienes dejan de ser vecinos.

 

Cuatro.- El unifamiliar en suelo rústico es, a nadie se le escapa, una realidad insoslayable en este y en otros países. La diferencia, quizá, estribe en que esas casas de diseño que aparecen en ese programa televisivo a que aludo suelen ser, por lo general, ajenas al caso español, que, en este sentido y paradójicamente, ha extendido el privilegio de vivir en suelo rústico a bastantes personas a quienes, de residir en otros lugares, les resultaría inasequible o, al menos, ciertamente dificultoso el disfrute de esas casas de diseño que muestran ufanamente en la televisión.

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